Ser

Una de las personas que para mi representa el despertar de la serenidad es Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita reconocido entre otras cosas por sus hermosísimas meditaciones caminando, las cuales conduce en el monasterio Plum Village fundado por él en el sur de Francia.

Thich Nhat Hanh, a quien cariñosamente le dicen Thay que quiere decir maestro, es uno de mis maestros favoritos. Fue nominado al Premio Nobel de la Paz por Martin Luther King por sus esfuerzos y valientes posiciones durante la guerra de Vietnam, lo cual le valió un exilio de 39 años.

Hoy quiero compartir una pequeñísima parte de su sabiduría, brillante y serena. Dice este maravilloso maestro:

“Hay dos cosas: SER y HACER. No pienses demasiado acerca de HACER, SER es primero. Ser paz. Ser alegría. Ser felicidad… Y entonces, has alegría, has felicidad. – en las bases de ser-. De manera que primero tienes que enfocarte en la práctica de ser. Ser fresco, ser pacífico, ser atento, ser generoso, ser compasivo. Esta es la práctica básica. Es como si alguien está sentado al pie de un árbol. El árbol no hace nada, pero el árbol está fresco y vivo. Cuando eres como ese árbol, enviando ondas de frescura, ayudas a calmar el sufrimiento de otra persona.»

Y sigue diciéndonos “Thay”:

«Tu presencia debe ser agradable, debe ser calmada, y tu debes estar allí para él o para ella. Eso ya es mucho. Cuando a los niños les gusta acercarse a ti y sentarse a tu lado, no es porque tienes un montón de galletas para darles, sino porque sentarse cerca de ti es agradable, es refrescante. De manera que siéntate cerca de la persona que está sufriendo y trata de ser lo mejor que puedas ser, – agradable, atento, fresco.”

Thich Nhat Hanh está llamando la atención sobre algo dolorosamente común en nuestros días. Estamos todos muy concentrados en hacer, hacer, hacer y le ponemos muy poca atención al SER, al ser con letras mayúsculas, con consciencia de quienes somos y de qué y quiénes estamos siendo para nosotros y para los que nos rodean. Nos sentimos en la obligación de hacer, casi de acaparar tareas. ¡Le hemos construido una catedral al multitasking! Cada día hacemos muchas cosas, de todo tipo, amanecemos haciendo la lista de cosas por hacer. Muchas veces observamos lo larga que es esa lista con desesperación; otras, esa misma extensión de lo que está pendiente puede incluso hacernos sentir importantes, personas muy ocupadas, muy eficientes. Sin embargo, es común el comentario lleno de tristeza, angustia y hasta dolor “no tengo tiempo para mi”. ¿Les resulta familiar?

Aun más grave es que estamos entrenando a nuestros niños en esa misma manera de entender la vida, los agotamos, les creamos estrés y nos volvemos casi locos nosotros los padres con la cantidad de cosas que queremos que hagan: prácticas de futbol de beisbol, de tenis; también está el coro, clases de algún instrumento, Si tienen alguna inclinación artística, corre a la clase de pintura y así sucesivamente. “Pero, -estarán pensando-, uno hace todos esos “sacrificios” con la intención de que SEAN ALGO, ALGUIEN”

Por supuesto, esa es la intención, pero paradójicamente lo que sucede es que estamos tan ocupados haciendo que incluso olvidamos lo que estamos haciendo, olvidamos quiénes somos, qué queremos. Olvidamos mirar a la gente que amamos, no nos damos cuenta si están felices o tristes, no les mostramos nuestro aprecio, no les dejamos saber cuánto los amamos, porque estamos ocupados haciendo cosas por ellos. Estamos tan desacostumbrados a cultivar el ser que incluso cuando tenemos tiempo libre nos “ocupamos” porque no sabemos cómo ponernos en contacto con nosotros mismos o con lo que nos rodea.

Volvamos unos momentos a las palabras de Thay:

“SER es primero. Ser paz. Ser alegría. Ser felicidad. Ser atento, ser generoso, ser compasivo.”

Eso es lo más valioso que podemos hacer por los que amamos, ser, estar presentes, allí , para ellos, no con nuestra mente y nuestra mirada todo el tiempo en una lista, en una pantalla de la televisión o del teléfono, por ejemplo.

Es mi deseo en este espacio compartir herramientas que nos ayudan a vivir la vida a plenitud. Hoy les sugiero una manera de practicar el ser, de estar presentes. Se trata de traer a la mente y al corazón, al comenzar el día, este pequeño verso sugerido por Thay en su obra “Momento Presente, Momento Maravilloso”.

 

“Despertándome esta mañana sonrío

24 horas completamente nuevas me esperan

Me comprometo a vivir plenamente cada momento

Y mirar a todos los seres con ojos de compasión”

 

 

“Uno tiene que ser algo

para poder hacer algo.”

Goethe

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