Comiéndonos el elefante

Hace un tiempo, tratando de ayudar a traer orden a un hermoso proyecto que comparto con varias amigas, llegaron a mis labios las palabras: “Vamos a comernos el elefante por pedacitos.” y haciendo uso de otro dicho muy popular, la frase llegó “como anillo al dedo”.

¡Qué maravillosa, qué rica es la sabiduría popular! Se nos presenta de distintas maneras, siempre brindándonos claridad; con mucho ingenio los dichos nos permiten reducir en pocas palabras una verdad, una realidad, un aprendizaje. Por ejemplo, cuando usamos la frase, “Comernos el elefante por pedacitos”, es obvio que tenemos por delante algo grande, algo que nos abruma, bien sea por su volumen o por su dificultad y, aunque sepamos que podemos hacerlo, posiblemente no sabemos por donde empezar, tenemos dudas de si vamos a ser capaces de terminar o cuando lo haremos. Ante estas situaciones el consejo es: tómalo por partes, tómalo con calma, hay un proceso…

Por pedacitos

Cuando “picamos al elefante en pedacitos”, cuando descomponemos la situación en sus partes, esta pierde rápidamente su carácter de “Tarea Titánica” y suceden cosas muy importantes:

Lo primero es que vencemos la parálisis, nos sobreponemos a ese  sentimiento que frecuentemente nos abruma cuando la tarea que tenemos por delante es considerable. Esto nos facilita, nos permite dar el primer paso, algo que es crítico;

En segundo lugar al separar la gran tarea en partes podemos identificar la parte más “apetitosa”, la que puedo acometer con más facilidad y que nos va a servir de base para seguir avanzando.

Finalmente un aspecto bien importante es el de que es más factible, menos doloroso incorporar el desapego en una parte pequeña del plan, mientras que viendo el proyecto como un todo, cualquier pequeña desviación de la idea que tenemos inicialmente aparece como catastrófica

Día a Día

De igual manera nuestras vidas tenemos que “comérnosla por pedacitos”, vivirla día a día, momento a momento.  Cuando actuamos de esta manera, podemos no sólo avanzar en el proyecto que tenemos, sino que además podemos disfrutarlo, conocerlo, explorarlo.

Cuando vivimos cada día saboreándolo a consciencia, podemos reconocer y valorar nuestros avances, y eso nos anima a continuar porque nos da la señal de que estamos mejorando. En cambio, cuando no nos permitimos hacer la pausa y reconocer que el todo está compuesto de pequeñas partes y que todas son importantes, ese gran todo nos paraliza, nos domina, nos asusta y crece cada vez mas ante nuestros ojos .

Saboreando cada pedacito

Reconocer las partes que componen nuestra vida, darles prioridad y avanzar a consciencia es una tarea maravillosa porque nos permite disfrutar y realmente vivir a plenitud. Esta manera de aproximarnos a la vida con atención, con cuidado, nos ayuda a mantenernos en nuestro rumbo. Cuando vivimos de manera mas consciente empezamos a hacernos preguntas tan importantes como :¿Esto que está sucediendo, qué tiene que ver con la agenda que tengo para mi, con el plan que tengo para mi vida?

Los “pedacitos” de nuestra realidad los observamos, manejamos, disfrutamos y vivimos mejor cuando lo hacemos desde una perspectiva de unidad, de unidad de nuestro cuerpo, mente y espíritu y de unidad con todo lo que nos rodea. Tenemos entonces una combinación interesante, vivir la vida en cada momento, en cada experiencia, en cada pedacito y vivirla como seres completos, sin separación de ningún tipo.

Ordenando los pedacitos

Hay muchas enseñanzas contenidas en este dicho popular que nos anima a hacer pausa, a observar con detenimiento, a evaluar, a tomar consciencia de la multitud de opciones y decisiones que nos corresponden cada día y que poco a poco forman nuestra vida.

Estaremos mejor capacitados para todo este análisis y observación, si aprendemos a conectarnos con nuestra sabiduría interior. La suave voz de nuestra alma nos ayudará a reconocer las prioridades, a identificar cuál es el primer paso, cuál es la ruta que estamos trazando, nos ayudará a  hacerlo con desapego, pero con dirección. Esta suave y sabia voz la escuchamos mas claramente cuando creamos espacios de quietud y conexión, espacios que nos brindan la capacidad para ver las partes y con sabiduría y belleza reconstruir el todo.

“El arte de vivir mucho es resignarse a hacerlo poco a poco.”
Santiago Ramón y Cajal