Se regalan abrazos

“Al final lo que queda es abrazarse,
confiar en el otro, amar y dejarse amar
en medio de la balacera que es la vida.”
– Fito Páez

Desde hace algunos años se ha podido observar en las calles de muchas ciudades del mundo a personas que con un letrero en la mano ofrecen “abrazos gratis”. Vemos ese letrero y nos hacemos preguntas,

¿Cómo que abrazos gratis?¿Abrazar a un extraño? ¿Abrazar porque si, por abrazar?¿Para qué?

“¡Me sentí como un rey!”

La iniciativa de ofrecer abrazos a desconocidos en un lugar público la tuvo por primera vez un joven en Australia en el año 2004. La idea surgió de su propia experiencia, al reconocer el efecto que un buen abrazo había tenido en su situación emocional, la cual en el momento era de mucha tristeza por problemas familiares. “¡Me sentí como un Rey, es lo mejor que me ha pasado!” , fue la manera como trató de comunicar este joven su experiencia y con la idea de compartirla, de brindarle a otros la posibilidad de experimentar ese sentimiento, a los pocos días se fue a un mall a repartir abrazos llevando en la mano un letrero que decía “FREE HUGS”.

Como ocurre últimamente, alguien filmó lo que estaba sucediendo (por cierto, el video incluye los intentos de la policía por impedir su actividad). El video se hizo viral y la iniciativa también.

Esta historia explica cómo se originó el movimiento, de “abrazos gratis”; la otra parte, el por qué de los abrazos, por qué se sienten bien, la explica la ciencia.

Habla la ciencia

Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte afirma que cuando abrazamos a otras personas, la oxitoxina, conocida como “hormona del amor”, se incrementa de manera significativa lo cual ayuda a aliviar y sanar sentimientos de soledad, aislamiento y rabia -Sin duda esta fue la experiencia del creador de “abrazos gratis”-. Al abrazar también se estimula la producción de dopamina y serotonina las cuales ayudan a reducir los niveles de estrés mejorando por supuesto nuestro estado de ánimo.

Otras investigaciones indican que los abrazos ayudan a liberar la tensión, lo cual favorece y estimula la circulación en los tejidos blandos gracias a lo cual se pueden calmar dolores musculares, lo cual obviamente nos hace sentir mejor.

Dar y recibir abrazos produce cambios en la electricidad y humedad de la piel que sugieren un mejor balance en el parasimpático, la parte del sistema nervioso que tiene que ver con la relajación. También se ha podido determinar que los abrazos activan unos receptores en la piel que son los encargados de bajar la presión arterial.

Un dato que me parece fantástico, casi mágico, es que cuando damos un abrazo ejercemos una suave presión sobre el esternón; esto combinado con la carga emocional que lleva el abrazo estimula el timo, la glándula responsable por regulación y balance de la producción de células blancas en el cuerpo, las cuales como sabemos están a cargo de mantenernos saludable y libres de enfermedades. En otras palabras, cuando compartimos un abrazo no sólo nos sentimos mejor sino que también estamos fortaleciendo nuestro sistema inmune.

 

“Dice la tradición que cada vez que abrazamos de verdad
a alguien, ganamos un día de vida”
Paulo Coelho

Habla la experiencia

A todos estos datos tan interesantes se suma lo que sentimos, lo que sabemos sin necesidad de que nos lo diga la ciencia. Sabemos por ejemplo, que los abrazos nos hacen sentir apoyados y en confianza, sabemos que un buen abrazo en el momento adecuado favorece la comunicación, crea la posibilidad de abrir el corazón y soltar lo que nos pesa.

En nuestra cultura, los grandes momentos están acompañados de grandes abrazos. El abrazo está siempre presente desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por toda la gama de experiencias y eventos. Es un gesto que se repite, que se ha mantenido, seguramente porque seamos conscientes o no, sabemos que se siente bien, que comunica mucho, que nos hace bien.

Si nos hacemos conscientes veremos que cada abrazo es único y especial. Por supuesto, como todo en la vida, se potencia con nuestra energía, con nuestra intención. De esta manera, un abrazo puede ser símbolo de hermandad, de reconciliación, de paz; podemos abrazarnos para comunicar comprensión, empatía, solidaridad, y también para compartir alegría, dolor.

La reconocida psicóloga y terapeuta familiar Virginia Satir se ha hecho famosa por su afirmación:

“Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir.
Necesitamos ocho abrazos al día para mantenernos.
Necesitamos doce abrazos al día para crecer.”

Quiero sugerir que pongamos atención a estas palabras y busquemos oportunidades para sobrevivir, mantenernos y sobre todo crecer.

Regálate un abrazo

Toma la iniciativa, abraza a alguien. Hazlo con un corazón lleno de amor, lleno de  deseos de brindar y disfrutar de todos estos beneficios que hemos estado conociendo y recordando. Regálate y regala ese intercambio de afecto, disfruta de la conexión maravillosa, mágica, gracias a la cual recibimos y damos, compartimos y somos receptivos.

Abraza y permite que sólo el abrazo exista en ese momento. Siente el fluir de la energía de vida, conéctate con tu corazón, con tus sentimientos, con tu respiración. Abraza y toma consciencia de que el amor es un constante fluir. Hazte conscientes de la experiencia en sí y disfruta agradecida de sus beneficios.

Cada abrazo dado con intención de amor es una nueva Semilla de Serenidad que sembramos en nuestras vida. Abraza y despierta tu serenidad.

“Siempre que me sea posible,
voy a ver a mis amigos y los abrazo y dejo que me abracen;
 y si ellos están en condiciones,
pues también lloro.
Es lo que mejor funciona.”
– Jorge Bucay

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